miércoles, 15 de octubre de 2008

Que plomos II

 
Sigo, eran las 6 de la mañana de un sábado y en la sala de Peuvrel estaba armada la banda, Adrián frente al Farfisa, Néstor con la guitarra en la mano y el amplificador prendido y como yo no sabia que tocar, armamos la batería y me enseñaron algo de ritmo de rock, y ahí empezaron los primeros acordes de "la Balsa". El cuadro se completaba con don Lalo sentado en un mullido sillón disfrutando lo que hacíamos. Se imaginan el silencio del barrio, les recuerdo, Olazábal a 30 metros de la vía para el lado de Libertador. Luego de unos minutos, aparece Luis el hermano dos años menor de Adrián, abre la puerta y pone el grito en el cielo, yo ni lerdo ni perezoso, le tiré la pandereta y seguimos haciendo ruido. Estaba con la pandereta en la mano y se aparece la querida Dorita, la mamá de Adrián, podemos decir una segunda madre para nosotros. La casa era grande y tenía los dormitorios en el primer piso. Cuando Dorita abrió la puerta fue como si hubieran saltado los tapones, en esa época no existían las térmicas, se produjo un gran silencio. Paso su mirada penetrante por todos y se la agarro con Luisito que seguía con la pandereta en la mano....tenias que ser vos.... fijate que hora es.... andate a la cama....y de repente recala que don Lalo estaba sentado mas cómodo que nunca en su sillón, y como no podía menos, le dijo... y a vos grandote, te parece lo que están haciendo.. bla bla bla. Conclusión, en el mas puro silencio desarmamos los equipos y guardamos todo, se nos había frustrado nuestra vena musical.
Vale aclarar que la abuela dormía justo arriba de la sala y ni se enteró lo que pasaba. Otro que creemos nunca se enteró fue Pity, quien era manager de los Killings y vivía en Olazábal a 30 m. de la vía pero para el lado de Cabildo. Pity era un pibe macanudo, fue el primer manager que tuvo León Gieco, su apellido era Iñurrigarro, y falleció hace unos años, y cada vez que León lo nombra lo hace con mucho cariño.
Hasta aquí la segunda entrega, en la próxima será de pelea la cosa, y como llegó el final de nuestra plomada. Un abrazo. Raúl Rosales

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