viernes, 19 de marzo de 2010

Gregoria la tortuga actriz

Belinda, desde su más tierna infancia, quería ser actriz. Por eso jugaba a disfrazarse con lo que conseguía: tacones de su mamá, sombreros antiguos, largas chalinas de colores, anteojos de sol, etc, etc.
Su abuela, le había obsequiado una hermosa caja que contenía: maquillajes, sombras, pinturas labiales, pincelitos para el rostro, collares, aros...Era una caja llena de sorpresas.
Belinda pasaba horas imaginando diversos personajes y escenas. Luego se vestía como uno de ellos y lo representaba frente al espejo.

En cuanto tuvo la edad necesaria ingresó al Conservatorio de Teatro. Estudió varios años muy seriamente, para lograr ser una buena actriz.
Recién recibida se inició en el Teatro Under. Con un grupo de compañeros, formaron una compañía y se lanzaron a realizar obras de teatro de su propia autoría. Escribían los argumentos, confeccionaban el vestuario, realizaban la escenografía, la carpintería, atendían la boletería....Todo con mucho entusiasmo y alegría.

Un día, escribieron el argumento de una obra donde se necesitaba que una tortuga, en un determinado instante, irrumpiera en el escenario.
Como siempre, prepararon el trabajo previo y solo faltaba conseguir la tortuga para poder estrenar. Recurrieron a los amigos, familiares y vecinos, pero nadie disponía en ese momento de una tortuga. Así que fueron a un negocio de mascotas y compraron una tortuga pequeña. La bautizaron con el nombre de Gregoria.
Gregoría tenía un papel muy pequeño, pero preciso. En un determinado momento tenía que cruzar el escenario. Nada más.
El día del estreno y en el momento en que Gregoria debía aparecer en escena, la colocaron en el piso, pero la tortuga no caminaba. La empujaban y nada, parecía muerta. Los actores tuvieron que improvisar y salir del apuro como fuera.

Al día siguiente, la llevaron al veterinario; contaron cual era la situación. Este se rió con ganas y les explicó que era invierno y las tortugas invernan o hibernan, por lo tanto no se iba a despertar.
Los jóvenes actores estaban desesperados, esa noche nuevamente tenían función y ya no había tiempo para cambiar el texto de la obra colocando otro animalito, que reemplazara a la tortuga.
El veterinario escuchaba con atención cual era la dificultad, y les brindó una alternativa: Un instante antes de que Gregoria tuviera que aparecer en escena, se la podía colocar dentro de una palangana con agua tibia. Eso la iba a despertar unos minutos y luego continuaría durmiendo. Se ofreció el mismo, para realizar esta operación. Los actores se miraron entre si y aceptaron encantados.
Esa misma noche se puso en práctica el procedimiento: “Despertar a la tortuga”. Con el baño tibio, Gregoria se despertaba y cruzaba el escenario a toda velocidad, causando una gran sorpresa entre el público.

Al finalizar la obra los actores salían a saludar llevando a la tortuga Gregoria, quién era fuertemente aplaudida. Evidentemente era su momento de gloria.
Pasó a ser figura importante dentro del elenco y hubo que agregar su nombre en el programa. Además era la única del elenco que tenía un asistente personal, el veterinario.
Pero luego que terminó la temporada, Gregoria no volvió a las tablas. Nunca más consiguió un papel y fue llevada al jardín de la mamá de Belinda.
En cambio, el veterinario, ahora tiene dos profesiones: cura animalitos, pero también es actor.
Gregoria creció y ya es una tortuga de mayor tamaño, pero alguna reminiscencia le queda de su época de artista teatral, porque cuando deja de invernar, no camina despacio como cualquier tortuga que se precie. Ella es distinta, corre como si recién saliera de su baño de agua tibia!

Ang.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola:
Esto es un ensayo. Estuve un rato largo tratando de publicar como me explicó Ricardo, con imágenes incorporadas al texto. Uff, me costó bastante y la foto no salio donde yo queria. Hay que practicar!!!
Ahh la historia no se si ya no la conté, espero que no.

Bs.
Ang

Ivan Kormos dijo...

Muy lindo el relato, para la próxima obra que necesiten una tortuga, te cuento que yo tengo 13, de las cuales 8 nacieron en el jardín naturalmente, sin incubadora, cosa bastante rara según el veterinario al cual llevo a mi perra. Este año pusieron 2 huevos, así que vamos a esperar a ver si nace alguna más.

Cñs.
Iván

PD: Bs.= Besos Cñs.= Cariños

Trinjaus dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Iván: realmente raro lo de tus tortugas, pero gracias! con la que me quedó de herencia suficiente, porque en realidad la historia es verídica y la actriz, es una de mis hijas.
Saludos
Ang.

daniel kritz dijo...

Angelica:
Escribís muy pero muy bien...

Horacio N. dijo...

Angélica, la tortuga no es como la langosta, no hay que hervirla viva para la sopa, pobre reptil.

Cariños, Horacio N.

Trinjaus dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.