sábado, 5 de noviembre de 2011

Para cambiar un poco de tema le mando uno de mis cuentitos

Ya estoy haciendo el cuarto taller de escritura creativa, en español por supuesto.


En el Instituto Cervantes de Tel Aviv.


Este es un ejercicio con la consigna desistir.


Lo dejo a su consideracion


Acepto toda clase de criticas




Las waiata


Daniel Kritz, Beer Sheva, 2/11/2011


"Las waiata (cantos maoríes) versan siempre sobre uno de estos temas: los lamentos fúnebres o los lances amorosos.


Son muy monocordes, y el cantante varía de una nota a otra a intervalos a veces menores de un semitono. El ritmo se lleva a base de golpes en el pecho y los muslos, o bien con un palo sobre un trozo de madera."



Nadaba junto a sus amigas cerca de la costa. El mar le tejía un brocado de espuma a su paso. Despacio, disfrutando cada metro de mar. El agua estaba fresca y había poco oleaje.


Prestaba atención a los ruidos transmitidos por el agua y hasta donde alcanzaba su vista. No había peligro, reinaban la calma y la tranquilidad.


Hasta que se aproximó sigilosamente la silueta de un barco.


Lo observó y una pizca de intranquilidad le pellizcó el instinto.


El navío se acercó, apagó los motores diesel y comenzó a usar los eléctricos, menos ruidosos. Este detalle la alertó, se trataba de un buque ballenero factoría con dos lanchas de caza.


Inmediatamente aviso al grupo para que huyera mar adentro.


Uso la estrategia de dividir el grupo en tres y que cada uno fuese en una dirección distinta. No ayudo mucho, sus lanchas balleneras veloces como el viento alcanzaron a dos de ellos y comenzó la masacre.


Cuando una lancha de los asesinos terminó su carnicería, se encaminó hacia al tercer grupo y comenzó su cruel cacería.


La ballena líder no quiso darse por vencida y decidió combatir para salvar a las otras. Se sumergió algunas decenas de metros y cuando tuvo a la lancha arriba de su cabeza, nadó hacia ella con toda su fuerza y el impacto la partió en dos.


Viendo a sus compañeras a salvo, se quedó más tranquila. Escaparon en diferentes direcciones esperando que la noche la proteja con su escudo de penumbras.


Con la premura de la huída no había percibido que la hélice le había abierto una herida en el vientre por donde se le escapaba la vida en borbotones rojos.


La lancha sobreviviente había quedado lejos, escondida detrás del horizonte rescatando los náufragos.


Intentó descansar, pero sentía que desfallecía, que Neptuno la abandonaba.


Se dirigió hacia la costa, a la bahía de la aldea maorí.


En su mitología, la ballena está considerada un espíritu guardián que cuida a la gente desde el mar.


Quizás le ayudasen.


Con las últimas bocanadas de aire llego a la playa.


Con la bajamar quedo varada apenas respirando. Unos chicos de la aldea que bajaron a jugar a la playa la vieron y llamaron a sus mayores.


Toda la aldea bajó y intentó devolverla al mar, pero cuando vieron la herida por la cual se desangraba dejaron de moverla y llamaron al chaman de la aldea que intento pararle la hemorragia.


Lanzó un chorro de agua como queriendo agradecerles el esfuerzo.


El chamán no consiguió detener el flujo de sangre. El debilitado corazón de la ballena todavía era potente. Y en cada latido moría un poco.


Lanzó un chorro de agua avisando para que se aparten y usando la cola se apoyó sobre el vientre para tapar la herida. Los intentos del chaman aunque bien intencionados le provocaban mucho dolor.


Los maoríes entendieron el mensaje.


Con la pleamar la ballena comenzó a flotar y giró sobre si misma pudiendo así ver nadando a lo lejos su grupo fuera de peligro.


Comenzó a volver hacia las aguas profundas dejando un rastro rosado de mar y sangre.


Los maoríes entonaron una Waiata para encomendar el alma de la ballena a los dioses.


Los balleneros desaparecieron, quizás temerosos de la " Moby Dick" que casi acaba con los cazadores de la lancha.


Su sacrificio valió la pena, pensó y lanzó un último chorro de agua.


Su pulso era cada vez más débil.


Los maoríes le acompañaron con sus canoas para apartar los tiburones que se acercaban atraídos por la sangre.


Intentó agradecerles pero no pudo, apenas cerró los ojos.


Los remeros levantaron los remos y entonaron la última Waiata.


Su sonido monocorde y el balanceo suave de las olas la adormecían.


No quiso luchar más, solo descansar…morir en paz…




5 comentarios:

Trinjaus dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jorge Luchia dijo...

Daniel K, sabemos que no es la primera ves que publicas algo tuyo, recuerdo que una de las veces pediste críticas y yo, que no entiendo nada de literatura, ensaye una "crítica constructiva", que en buen castellano quiere decir que no me había gustado demasiado pero esta ves me encantó, realmente me sorprendiste, el relato me mantuvo intrigado y atento hasta el final, un final con la emoción en la garganta que despertó mi costado sensible. Te felicito.

Ahora me quedo esperando la próxima entrega ...

Un abrazo.
Jorge Luchia

daniel kritz dijo...

gracias muchachos

Antonio dijo...

Espero no llegar tarde para las críticas ...

Coincido totalmente con Riky y Jorge.
Excelente trabajo Daniel.
Mientras lo leía estaba "viendo" la escena y emocionándome con la situación.

Felicitaciones y seguí publicando.

UN abrazo. Toni

victor dijo...

Daniel: muy buena narrativa,es atrapante pese a ser un cuento corto y transmite mucha emoción. Felicitaciones.
Un fuerte abrazo.
Víctor